Aunque la fotografía digital domina, muchos conservan negativos y diapositivas. Un escáner de negativos (o con adaptador para ellos) convierte esas «imágenes latentes» en archivos digitales de alta calidad, permitiendo archivar, restaurar y compartir recuerdos antiguos.
Funcionan como escáneres planos: una lámpara ilumina el negativo y un sensor CCD (dispositivo de carga acoplada) captura la luz que lo atraviesa. El software del escáner invierte la imagen negativa a positiva, entregando una copia digital en color o blanco y negro fiel al original.
Los negativos son la fuente original; escanearlos evita la pérdida de detalle que supone fotografiar una copia en papel. Además, los archivos digitales se pueden respaldar en la nube o discos duros, proteger de desastres y editar sin degradación. Los escáneres dedicados o híbridos (plano + negativos) cuestan poco más de 100 € y ofrecen versatilidad.