"Es todo sobre la luz" es mi mantra en talleres. Ya sea el resplandor suave del amanecer, la luz lateral que esculpe un paisaje, la luz difusa de un día nublado para retratos, o la luz frontal directa, la calidad de la luz determina el éxito de la imagen. Aprender a leerla y anticipar su efecto es esencial.
De las tres direcciones principales, la luz trasera (backlight) es la menos usada por sus desafíos, pero bien empleada genera imágenes de gran impacto que parecen saltar de la página.
A los principiantes se les dice que disparen con el sol detrás para iluminar el sujeto frontalmente. Aunque facilita la exposición, la luz resulta plana y carente de interés. La luz trasera es mucho más interesante y emocionante.
El sujeto brilla como si estuviera iluminado desde dentro. Si posee cualidades translúcidas (hojas, alas, pelo), el efecto se magnifica.
El fondo debe ser fuerte, simple y colorido, permitiendo al espectador centrarse en la forma recortada.
La luz trasera bien manejada transforma lo ordinario en extraordinario.