Un objetivo sucio arruina la imagen y puede dañar el recubrimiento óptico si se limpia mal. Las lentes son frágiles: sigue este protocolo profesional para mantenerlas impecables sin riesgos.
Para polvo y partículas sueltas, nunca frotes (rayarías el cristal). Usa:
Sopla a 10–15 cm de distancia con ráfagas cortas. La mayoría de veces basta.
Nunca uses limpiacristales domésticos, alcohol, papel higiénico, servilletas o camisetas: dejan residuos, rayan o disuelven el tratamiento antirreflejos.
Técnica: Aplica 1–2 gotas en el paño (nunca directo en la lente). Limpia con movimientos circulares suaves desde el centro hacia afuera. Seca con la parte seca del paño.
Para partículas adheridas que el aire no quita:
Guárdalo en tu bolsa de cámara. Limpia solo cuando sea necesario; cada manipulación añade riesgo. Y nunca soples con la boca: la humedad y ácidos de la saliva dañan el recubrimiento.