El corazón se te para al ver tu smartphone caer al agua —piscina, inodoro, fregadero—. Es un dispositivo que cuesta cientos de euros y, salvo que tengas un modelo con certificación IP68, las probabilidades de que quede inservible son altas. Pero no todo está perdido: actuar rápido y con método puede marcar la diferencia entre un susto y una factura de reparación.
Cuanto menos tiempo esté sumergido, mejor. Sácalo inmediatamente (sí, aunque sea del váter). Si sigue encendido, apágalo ya; si tiene batería extraíble, quítala. Déjalo sobre una superficie plana con papel absorbente.
Quita funda, tarjeta SIM, microSD y batería (si se puede). Si tienes conocimientos avanzados y no te importa perder la garantía, puedes abrir el chasis para secar cada pieza, pero no es obligatorio.
Usa papel absorbente o un paño sin pelusa para retirar gotas visibles. Toca lo justo; no frotes.
Una aspiradora de mano a baja potencia puede extraer agua de ranuras y conectores sin meter aire a presión. Mantén el móvil quieto.
Déjalo 2‑3 días sin tocar en un entorno seco:
Pasados los días, monta todo, conecta el cargador e intenta encenderlo. Si arranca, vigila comportamientos extraños durante unos días: micrófono, altavoz, cámara, carga, etc. Si no enciende, llévalo a un servicio técnico o reclama el seguro.
Hemos hecho todo lo humanamente posible. A veces el daño es irreversible, pero muchas veces el móvil revive. ¿Te ha pasado? ¿Qué truco usaste? Compártelo en comentarios.