La necesidad de obtener copias físicas al instante de las fotos tomadas con una cámara digital ha llevado a muchos usuarios a preguntarse si basta con un cable USB para conectar la cámara directamente a una impresora portátil. La respuesta corta es: sí, pero con matices importantes.
Prácticamente todas las cámaras digitales modernas incorporan el protocolo PictBridge, que permite enviar imágenes directamente a una impresora compatible sin necesidad de un ordenador. El botón de impresión de la cámara selecciona las fotos y el número de copias, y la impresora hace el resto. Sin embargo, la mayoría de las impresoras que soportan este estándar no son realmente "portátiles" en el sentido estricto: son dispositivos de sobremesa que requieren alimentación de red.
Existen opciones diseñadas específicamente para la movilidad, como la Polaroid PoGo (tecnología ZINK, sin tinta) o modelos de marcas como Canon (Selphy), HP (Sprocket) o Fujifilm (Instax Share). Estas impresoras son compactas, funcionan con batería y se conectan vía USB, Bluetooth o Wi-Fi. La calidad es adecuada para fotos de 5x7 cm o 10x15 cm, pero no alcanza el nivel de una impresora de inyección de tinta profesional.
En cuanto a cámaras que incorporan su propio mecanismo de impresión, la historia es interesante. Polaroid original desarrolló una tecnología de impresión térmica integrada en la cámara antes de su quiebra. Tras la venta de la marca, han aparecido dispositivos híbridos como la Polaroid Snap o la Kodak Printomatic, que combinan cámara digital e impresora ZINK en un solo cuerpo. No utilizan tecnología láser, sino térmica sin tinta, y la calidad es más bien lúdica que profesional.
La tecnología avanza rápido: pronto veremos más competidores con mejores prestaciones en este nicho.