Una fotografía digital manipulada (composición, retoque, fusión, pintura digital) se evalúa con los mismos criterios que cualquier obra visual: composición, creatividad, contenido, mensaje, técnica y originalidad.
Si el objetivo es que la imagen parezca una fotografía natural, la manipulación debe respetar leyes físicas: perspectiva coherente, dirección e intensidad de luz consistente, sombras correctas, colores plausibles (una manzana no debería tener tinte púrpura salvo intención artística explícita).
Un jurado experto debe distinguir entre:
Se debe premiar el dominio técnico y la intención artística, no la facilidad del software.
El plagio (usar imágenes ajenas sin permiso ni transformación sustancial) invalida la obra. Un artista genuino crea o transforma con autorización.