Las cortinillas del obturador (láminas metálicas ultrafinas) son extremadamente frágiles. Tocarlas con los dedos o herramientas las deforma irreversiblemente.
Usa un bastoncillo de algodón (Q-tip) seco para empujar con la punta muy suavemente cada lámina a su posición. Mejor: llévala a un taller de reparación de cámaras. El coste (50-100 €) evita convertir la cámara en adorno.