Existen métodos sencillos que cualquier propietario puede realizar para detectar fugas de aire en las ventanas sin necesidad de equipos profesionales. La prueba del humo (con una varilla de incienso o un lápiz de humo) es la más común: se pasa la punta humeante por el perímetro de la ventana en un día ventoso; si el humo se desvía bruscamente, hay una infiltración. Otra opción es la prueba de la vela: una llama que tiemble cerca de los bordes revela corrientes de aire.
Si quieres una análisis exhaustivo de tu vivienda —calefacción, ventanas, aislamiento y conductos—, lo ideal es contratar una auditoría energética. Un técnico cualificado realizará:
Cada prueba aporta información distinta; combinarlas da una imagen completa del comportamiento energético de la casa.
La prueba de infiltración con humo muestra fugas alrededor del marco y la jamba, pero no evalúa la eficiencia térmica del propio vidrio. Si observas condensación persistente entre los cristales o corrientes de aire a pesar de un buen sellado, contacta a una empresa especializada en ventanas para valorar su sustitución o reparación.