Los tubos de extensión son la forma más directa de convertir cualquier objetivo en macro: aumentan la distancia lente-sensor sin añadir cristales, preservando la calidad óptica original.
Para enfocar un sujeto, el objetivo debe situarse a una distancia concreta del sensor. Al girar el anillo de enfoque, el objetivo se mueve adelante/atrás. Un tubo fija una separación extra, permitiendo enfocar más cerca que el límite nativo del objetivo.
Imagina un objetivo de 100 mm. Sin tubo, su distancia mínima de enfoque (MFD) es 30 cm (aumento 0,14×). Con un tubo de 25 mm, la MFD baja a ~15 cm y el aumento sube a ~0,4×. Apilando tubos se alcanza 1:1.
Para empezar en macro sin comprar objetivo dedicado, los tubos son imbatibles.