El mercado está lleno de accesorios ingeniosos para mejorar tus fotos, pero no hace falta vaciar la cuenta bancaria. Con objetos cotidianos y un poco de creatividad puedes fabricar modificadores de luz efectivos por una fracción del precio. Aquí tienes cinco ideas probadas; si se te ocurren más, compártelas en los comentarios.
Un trozo de plástico de burbujas enrollado en forma de cono y colocado sobre el flash integrado convierte la luz dura y directa en una iluminación suave y favorecedora para retratos. Cuesta céntimos y cabe en cualquier bolsillo.
El papel de cocina (aluminio) es un reflector excelente y barato. Colócalo bajo flores inclinadas para rebotar la luz solar y conseguir macros con una iluminación suave y direccional. También funciona para rellenar sombras en retratos de exterior.
Unas gafas de sol con degradado de color pueden sustituir a un filtro graduado neutro en fotografía de paisaje. Colócalas delante del objetivo para oscurecer el cielo sin subexponer el primer plano, realzando el color y el drama de la escena.
Una funda de almohada blanca delante de una lámpara crea una fuente de luz amplia y difusa ideal para retratos en casa. Si prefieres luz natural, cuelga una sábana blanca frente a la ventana para suavizar la luz directa del sol y obtener una iluminación de estudio sin equipamiento profesional.
Si tienes un portafiltros, retira los filtros originales y sujeta unas medias viejas (nailon) o un pañuelo de seda fina. Conseguirás retratos con enfoque suave, paisajes oníricos o incluso efectos de polarización creativa a coste cero.
La fotografía no tiene por qué ser cara. Con estos trucos puedes experimentar, aprender y obtener resultados sorprendentes sin salir de casa ni gastar una fortuna.