La familia pregunta "¿Qué tiempo hace?"; el fotógrafo pregunta "¿Cómo está la luz?". La calidad de la luz es el componente clave de cualquier fotografía, en estudio o exterior. Su "sensación" suele determinar el impacto visual de la imagen.
Al mediodía soleado, sombras definidas y duras. He oído: "No llevo la cámara a mediodía; la luz es mala". Jay Maisel me enseñó: "No existe la 'luz mala'". ¿Y si es el único momento que puedes fotografiar? Mantén la mente abierta y trabaja con la luz que tienes; es un gran ejercicio. Un reflector plegable pequeño es imprescindible en tu bolsa: úsalo como deflector o relleno. Fotografiando uvas en primer plano, reflejé luz con un reflector pequeño, moldeando y controlando la luz.
En el extremo opuesto: cielo nublado. Nevadas tempranas en Vermont se convirtieron en regalo en una mañana gélida. El cielo se volvió un softbox gigante. Aire cargado de humedad, nubes bajas produciendo luz apagada, pictórica, envolviendo la zona frente al lago. Experimenté con profundidad de campo y foco selectivo para exagerar la sensación suave, casi etérea.
Muchas variables afectan la temperatura de color: estación, hora, condiciones atmosféricas, altitud, sombra. La belleza de lo digital: ajustas el balance de blancos a condiciones específicas (grados Kelvin) para blancos neutros y colores "verdaderos", o acentúas tonos cálidos/fríos. La luz dorada del amanecer/atardecer se intensifica ajustando balance a "nublado" o "sombra". Truco divertido en el extremo opuesto: balance "incandescente" convierte azules ordinarios en cobalto dramático.
Cuando encuentres una escena interesante, regresa. Documenta cómo la luz cambia durante el día (y la noche). Y no olvides girarte mientras fotografias amaneceres/atardeceres: te sorprenderá la velocidad del cambio de luz a tu alrededor.