El debate RAW vs JPEG suele centrarse en la profundidad de bits. Entenderla es clave para exprimir la calidad de tu sensor.
Un pixel de 8 bits/canal (JPEG) = 256 niveles por canal (R,G,B) → 16,7 millones de colores. El ojo ve 10-12 millones: sobra color, pero la gradación tonal es fina solo si no editas.
RAW de 12 bits = 4.096 niveles/canal; 14 bits = 16.384. Más bits = transiciones más suaves, esencial al estirar histograma.
Cámara JPEG: procesador lee sensor (12/14 bits), aplica WB, contraste, saturación… y descarta el resto, guardando solo 8 bits. Información perdida para siempre.
El conversor RAW replica el procesado interno pero tú controlas parámetros. La profundidad extra aguanta ajustes fuertes (exposición, WB, recuperación luces) sin posterizar (bandas en cielos).
Misma exposición. RAW recupera detalle en luces que JPEG muestra como mancha blanca plana. Si vas a editar en Photoshop, guarda como TIFF 16 bits (el sensor 12/14 bits se «estira» a 16 bits) para máxima margen de maniobra. Al finalizar, exporta a 8 bits (requisito estándar de imprentas, stocks, revistas).
Bodas (miles de fotos, velocidad), deportes (envío inmediato a redacción). Tamaño menor, flujo rápido, sin post complejo.
Monitores modernos: 24/32 bits (True Color). HDR combina múltiples exposiciones → 32 bits/canal (4.000 millones de tonos). No se ven directo; requieren tone mapping a 8/16 bits para pantalla/impresión.
Para máxima calidad y flexibilidad edita en RAW → TIFF 16 bits → JPEG final 8 bits. Entender bits evita sorpresas de posterización y aprovecha tu sensor al 100 %.