El refrigerante es la sangre del sistema. Una fuga reduce el rendimiento y, si no se corrige, mata el compresor. Los síntomas varían según la gravedad:
El pressostato de baja presión para el compresor cuando la presión cae. Este arranca, la presión sube, el pressostato cierra, y el ciclo se repite cada pocos segundos. En coche se oye el embrague "clic-clac" constante.
El termostato casi alcanza la consigna, pero el compresor para antes por falta de capacidad. En cargas térmicas moderadas pasa desapercibido; en ola de calor, la casa no refresca.
Si el pressostato falla, el compresor corre sin refrigeración ni lubricación → sobrecalentamiento extremo → fusible térmico interno se funde (no reseteable). El compresor queda inutilizado hasta sustitución.
Actuar a tiempo cuesta una reparación; esperar cuesta un compresor nuevo.