¿Hay algo más frustrante que abrir la secadora y encontrar la ropa aún empapada cuando debería estar seca? Este inconveniente, que parece ocurrir siempre en el peor momento, a menudo tiene una causa sencilla: un fusible térmico defectuoso. Afortunadamente, su reparación está al alcance de cualquiera con herramientas básicas y algo de paciencia.
No basta con apagarla; la corriente sigue fluyendo por algunos cables. Desenchufe el aparato o apague el interruptor correspondiente en el cuadro eléctrico para garantizar su seguridad.
Suele ser un pequeño disco plateado o una pieza alargada, y se encuentra generalmente en la carcasa del elemento calefactor. Según el modelo, puede ser necesario desmontar el panel frontal para acceder a él.
La mayoría están sujetos con dos tornillos. Quítelos y extraiga el fusible con cuidado.
Verifique que no haya corrosión ni cables rotos. Si un cable está dañado, pele unos 2 cm de aislamiento e instale un nuevo conector.
Use alicates de punta fina para desconectar los terminales tirando del cuello del conector, no del cable. Aísle los cables con cinta para que no se pierdan. Anote la configuración de conexiones antes de retirar el fusible viejo y llévelo a una tienda de repuestos para comprar el reemplazo exacto.
Conecte los cables a los bornes del nuevo fusible, fíjelo con los tornillos, vuelva a armar la secadora y pruebe su funcionamiento.
Con estos pasos, su secadora volverá a calentar correctamente sin necesidad de llamar a un técnico.