Si abres el lavavajillas y encuentras el dispensador lleno o a medio llenar, los platos no se lavan bien. Las causas más frecuentes son sencillas de resolver tú mismo.
Limpia el dispensador a fondo: rasca el detergente apelmazado con cuchara o cuchillo de mantequilla. Pon un papel mojado 10-15 min para ablandar restos. Limpia con papeles húmedos y seca bien antes de echar detergente nuevo. Suele ser la única acción necesaria.
Revisa la carga de platos: ollas, bandejas o cestillos mal colocados pueden bloquear la tapa del dispensador. Asegúrate de que nada impide su apertura.
Comprueba el mecanismo del temporizador: muchos modelos usan una pieza plástica que une temporizador y dispensador. Si está rota, hay que cambiarla.
Inspecciona el interruptor bimetálico o motor de cera (según modelo). Son los que ordenan al temporizador abrir el dispensador. Si fallan, el dispensador no abre. Recoloca o sustituye la pieza, o llama a fontanero.
Con estos chequeos resolverás la mayoría de los casos sin coste de reparación.