El aluminio —anodizado o fundido— tiene una capa superficial delicada que el entorno del lavavajillas ataca: agua > 60 °C, detergentes alcalinos agresivos (fosfatos, carbonatos, enzimas) y chorros a presión. Resultado: manchas blancas iridescentes, pérdida de brillo y, en antiadherentes, degradación del recubrimiento.
Tipos de aluminio y vulnerabilidad
- Anodizado: capa porosa de óxido coloreado; los detergentes la erosionan y revela el metal base.
- Fundido: más grueso, pero el acabado pulido o esmaltado sufre ataque químico idéntico.
- Regla práctica: ninguna sartén de aluminio en lavavajillas salvo que el fabricante lo certifique por escrito.
Limpieza correcta a mano
- Fregadero con agua tibia y detergente suave (pH neutro).
- Esponja no abrasiva (lado azul Scotch-Brite® o similar).
- Para comida quemada: raspe con espátula de madera/plástico, remoje 1 h en agua caliente, luego frote.
- Aclare bien y seque al instante para evitar manchas de cal.
- Truco: unas gotas de zumo de limón o vinagre blanco en el agua de aclarado disuelven pátinas.
Señales de alarma
Si lavó una vez en lavavajillas y «parece bien», no confíe: el daño es acumulativo. Cada ciclo acelera la corrosión. Respete siempre el pictograma «no apto para lavavajillas» (cruz sobre plato con gotas).