El detergente se inventó en 1916 por la escasez de grasas en la I Guerra Mundial. Su formulación ha mejorado constantemente, prestando hoy atención al impacto ambiental.
Mezclando grasa/aceite con hidróxido de sodio o potasio (álcalis fuertes) se obtienen sales de ácidos grasos: el jabón. En la escala pH (1-14), los álcales fuertes están en 1-6 (ácidos) y 8-14 (bases); 7 es neutro. El hidróxido de sodio/potasio está en el extremo básico (pH ~14).
El detergente sustituye la grasa natural por un tensioactivo sintético, manteniendo el resto del proceso. Los detergentes típicos tienen pH ~11 (amoniaco ~11.5, lejía ~12.5).
En agua, los tensioactivos rodean aceites y suciedad de la ropa, desprendiéndolos y pasándolos al agua de lavado. Es la acción del tensioactivo, la parte activa del detergente.