Los filtros ópticos (o físicos) se colocan delante del objetivo para modificar la luz antes de que llegue al sensor. Existen dos sistemas principales:
Filtros circulares (de rosca)
Son los más populares y fáciles de usar. Una pieza de vidrio (u otro material) montada en un aro metálico que se enrosca en la rosca frontal del objetivo.
- Forma redonda: Los de mayor calidad usan aros de metal resistente.
- Rosca: Enróscalos con cuidado para no dañar las roscas del objetivo. Si se atasca, gira a la izquierda hasta que se libere y vuelve a intentarlo. Si tienes las manos resbaladizas, usa una pinza de cocina o una llave para filtros.
- Tamaño (diámetro en mm): Debe coincidir con el diámetro de tu objetivo (suele estar impreso en el frontal o en el manual). Si usas varios objetivos con diferentes diámetros, compra un filtro del tamaño mayor y anillos *step-up* (adaptadores) para los demás.
Sistema rectangular (portafiltros)
Un soporte montado en el objetivo mediante un anillo adaptador permite deslizar filtros rectangulares. Compras el soporte, adaptadores para cada objetivo y los filtros.
- Adaptador: Se enrosca en el objetivo y sujeta el portafiltros. Necesitas uno por cada diámetro de objetivo.
- Portafiltros: Aloja varios filtros (ej. tres) y permite cambiarlos rapidísimo.
- Filtro rectangular: Más grande que los circulares, suele venir sin marco. Requieren cuidado al manipularlos; existen fundas y estuches para guardarlos.
El sistema rectangular es ideal si tienes varios objetivos de distintos diámetros: un solo juego de filtros sirve para todos. Su desventaja: el conjunto es más voluminoso que un filtro circular.