Los objetivos son sistemas ópticos complejos compuestos por varios elementos de vidrio (lentes) que forman una lente compuesta, motores de enfoque, anillos mecánicos, diafragma y más. Cuando hablamos de un «50 mm» o un «zoom», nos referimos al conjunto completo.
La superficie anterior es el elemento de vidrio más externo del objetivo, el más alejado del sensor o la película. Por aquí entra la luz por primera vez en su camino hacia el medio fotográfico. Al ser la cara expuesta, es la más vulnerable a golpes, polvo, huellas y arañazos.
Un arañazo en esta superficie será visible en todas las fotografías, ya que la luz lo atraviesa en cada toma. En muchos casos, obliga a sustituir todo el objetivo, lo que resulta costoso.
Un filtro UV de calidad (unos 15 €) atornillado a la rosca frontal actúa como escudo sacrificial. Cualquier impacto o suciedad afecta al filtro, no al elemento óptico. Además, apenas afecta la calidad de imagen si se elige un filtro multicapa de buena marca.
«Anterior» proviene de la anatomía ocular: se refiere a la córnea, la capa más externa del ojo. La analogía es directa: la superficie anterior del objetivo es su «córnea».