El formato RAW ofrece máximo control y calidad, pero no es mágico. Analizamos sus pros y contras reales para que decidas cuándo merece la pena.
Ventajas: mayor rango tonal, transiciones suaves, recuperación de luces y sombras superior, ajuste no destructivo de balance de blancos, nitidez, contraste y saturación en el ordenador. Los archivos contienen toda la información capturada por el sensor.
Inconvenientes: archivos 3-5 veces más grandes que JPEG de alta calidad, llenan tarjetas y buffer más rápido, requieren software de revelado (no se ven ni imprimen directamente), y exigen más tiempo de edición por la multitud de parámetros ajustables.
La capacidad de rescatar detalle en altas luces y sombras sin apenas ruido, y modificar el balance de blancos tras la toma con total libertad. En escenas de alto contraste, RAW recupera información que en JPEG se pierde o genera ruido al forzarla.
No siempre. Fotógrafos de deportes y prensa a veces priorizan la velocidad de disparo, envío y flujo de trabajo que ofrece JPEG. La elección depende del equilibrio entre calidad y rapidez que cada asignación exige.
La mayoría de cámaras vienen en JPEG por defecto. En el menú (normalmente "Calidad de imagen") selecciona RAW. Algunas Canon ofrecen M-RAW y S-RAW (resoluciones reducidas); Nikon permite elegir compresión y bits (12/14 bits). Elige RAW completo para máxima calidad.
Balance de blancos, espacio de color, nitidez, reducción de ruido alta ISO y estilo de imagen son solo etiquetas en el archivo RAW; se aplican por defecto al abrirlo en el software del fabricante, pero puedes cambiarlos al revelar. Excepción: la reducción de ruido de exposición larga (dark frame) sí afecta al RAW. La exposición, en cambio, debes clavarla en la toma: el RAW tiene límite de latitud.