RAW suena familiar, pero ¿sabes por qué cambia las reglas? Resumen rápido para decidir si das el salto.
JPEG: cámara comprime, decide WB, contraste, saturación → archivo pequeño, listo para usar. RAW: sensor vuelca todo sin comprimir → archivo 2-6× mayor, tú decides luego.
Software (Lightroom, Camera Raw, Capture One, Aperture, Darktable…) revela el RAW. Ajustas exposición, WB, luces, sombras, HSL, curva de tonos, lente… sin pérdida. JPEG ya tiene esas decisiones «quemadas».
Si tus JPG te satisfacen y entregas rápido → quédate en JPEG. Si buscas control total, vas a imprimir grande, vendes stock, aspiras a pro → RAW es obligatorio. Los pros pasan más tiempo editando que disparando; dominar el revelado es parte del oficio.
Activa RAW+JPEG en tu próxima sesión. Revela el RAW comparando con el JPG de cámara. Verás la flexibilidad: rescata luces, cambia WB, ajusta contraste local. Advertencia: RAW no arregla mala composición, enfoque errado o exposición desastrosa. Sigue cuidando la toma; RAW solo amplía tu margen de corrección.