El exceso de pelusa resta calidad a la ropa y puede obstruir el drenaje. Aunque los filtros atrapapelusas son habituales en secadoras, algunas lavadoras también los incorporan. Este componente no solo evita que la pelusa se redeposite en las prendas, sino que protege la bomba de drenaje y previene malos olores por acumulación de residuos húmedos.
Durante el lavado, las fibras sueltas, pelos y pequeños desechos se desprenden de las telas. Sin un filtro, estos restos llegan a la manguera de desagüe y pueden formar tapones que impiden el vaciado. Además, la pelusa húmeda retenida en el interior de la máquina favorece la aparición de moho y hongos, generando olores desagradables.
La forma del filtro varía según el fabricante: cilíndricos, de malla, casquillos para manguera, etc. Los materiales más comunes son plástico, tela y metal, y su compatibilidad depende del modelo de lavadora.
Se sustituyen periódicamente sin necesidad de limpieza. La frecuencia de cambio la marca la calidad del filtro y las indicaciones del fabricante.
Requieren limpieza regular y, pese a su nombre, acaban desgastándose. Su vida media oscila entre 9 y 12 meses, aunque tejidos como toallas (que sueltan más pelusa) pueden acortarla.
Si tu lavadora desagua en fosa séptica, un filtro atrapapelusas funcional es imprescindible. La acumulación de pelusa en el tanque puede causar fallos graves cuyo arreglo cuesta miles de euros. Invertir en un buen filtro es una medida preventiva económica.