¿Crees que lo has leído todo? Aquí van siete consejos frescos, distintos a los habituales, que te harán ver la fotografía con otros ojos.
¿Cuántas veces has pasado junto a un paisaje pensando "voy a volver a fotografiarlo" y nunca lo haces? Para, baja y dispara. La realidad a través del visor dista de la ventanilla: ángulos, distracciones, encuadre. Solo mirando por la cámara decides si merece la pena o pasas página.
Si solo usas la cámara los findes, el sábado llegas "en frío" y cometes más errores. Solución: coge la cámara a diario, aunque no dispares. Desarrolla memoria muscular: gira el zoom, cambia diafragma, ajusta ISO sin mirar. Cuando lo técnico sea instintivo, tu mente libre para componer.
Hambre = acortas la sesión = pierdes la luz mágica del atardecer/crepúsculo (la mejor para paisaje). Lleva comida y agua; alargar tu estancia aumenta exponencialmente las opciones de pillada maestra.
Consejo de escritores, válido para fotógrafos. Sé objetivo con tu trabajo: elimina lo que llama la atención sobre la técnica y no sobre el contenido. ¿Ese filtro Instagram o HDR en todos tus retratos dice algo del retratado o solo "mira qué guay soy"? Desarrolla estilo preguntándote por qué creas esa estética, no cómo.
Duplicados, tembladas, "por si acaso". Fija una cifra (30, 50, 100) y purga. Ahorras espacio y, sobre todo, haces una "revisión médica" a tu archivo que resulta liberadora y agudiza tu criterio de selección.
Las críticas en webs especializadas valen, pero la reacción visceral de quien no sabe de f-stops ni capas de Photoshop revela si tu imagen comunica. No tienes que complacer a todos, pero sus ojos frescos te muestran tu trabajo desde ángulos que tú no ves.
Como dijo Ansel Adams: "Traes a la fotografía todas las imágenes que has visto, libros leídos, música escuchada, amores vividos". Los retratistas usan música en estudio para relajar al modelo. Llévatela a exteriores: auriculares = foco total. Clásica/banda sonora para paisaje; metalcore para maratones de edición nocturna. El arte alimenta al arte.