Chris Johns no solo es el primer fotógrafo de campo en dirigir National Geographic; trae una mentalidad de reportero gráfico forjada en los años 70, cuando el fotoperiodismo de 35 mm documentaba la guerra de Vietnam y la lucha por los derechos civiles. Esa ética —testigo imparcial, nada de manipulación digital que altere la realidad— sigue guiando su labor editorial.
«No podemos hablar de especies amenazadas sin hablar de humanos». Johns busca la intersección entre aspiraciones humanas y necesidades de la vida salvaje. Rehúye el «animal del mes» y la narrativa de desesperanza; prefiere enganchar al lector con la belleza de una especie para luego explicar los retos de su supervivencia.
«Nunca verás que añada cachorros de guepardo o pingüinos a una foto». La corrección de color o la impresión digital son aceptables; la fabricación, no. Cree que la integridad del fotógrafo —y la comprensión del público— frenan el abuso de la manipulación.
Aunque echa de menos el terreno, encuentra satisfacción en «entrenar, enseñar y ver crecer a los fotógrafos». Su agenda: una revista más audaz, sin perder exactitud ni confianza del lector. (Durante la entrevista, el equipo le trajo un busto de Tutankamón para la portada: orgullo colectivo palpable.)