En fotografía digital, la profundidad de bits determina cuánta información tonal y de color puede almacenar un archivo. Un JPEG es de 8 bits (16,7 millones de colores), mientras que un RAW de cámara suele contener 12 bits del sensor empaquetados en un contenedor de 16 bits (billones de colores teóricos). Pero no siempre necesitas ese espacio extra.
Las cámaras actuales gestionan ambos formatos sin penalizar velocidad ni espacio. Así tienes lo mejor de los dos mundos: JPEG listo para usar y RAW para los casos difíciles. El autor usa JPEG el ~60 % del tiempo y RAW el 40 % restante.
Bajo nubes y luz plana, el JPEG de 8 bits mostró bandas en el fondo desenfocado. Al reabrir el RAW en 16 bits y aplicar los mismos ajustes, los degradados se suavizaron por completo. Aquí el procesamiento de 16 bits era imprescindible.
No elijas por dogma («RAW siempre» o «JPEG siempre»). Evalúa la escena, tus necesidades de ajuste y el destino final. Disparar en RAW + JPEG te da la libertad de decidir después.