Todos conocemos las "reglas" de composición. Pero pocos meditamos los pecados. La fotografía, en su raíz, comparte fundamentos con pintura y dibujo (Da Vinci, 1500). Cámaras avanzan; lo que hace una imagen exitosa no ha cambiado.
Vemos el mundo a altura de ojos. Cámara en ángulo/altura inesperada = drama instantáneo.
Fondo con objetos distractores (ramas, puntos brillantes, torres) = ojo huye del sujeto. Todo en el marco debe SUMAR a la historia. Si fuera dibujo a lápiz, ¿dibujarías esa rama? No → fuera de la foto. Menos es más. Simple, limpio. Si no puedes mover la montaña/árbol → cambia de encuadre o vete.
Este artículo cubre los dos primeros pecados capitales. Los cinco restantes (sujeto centrado sin intención, horizonte torcido sin propósito, luz ignorada, momento no esperado, historia no contada) se desarrollarán en la continuación. La redención empieza por simplificar y mover la cámara.
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