El flujo de las líneas debe invitar al espectador a entrar y recorrer la imagen sin tropiezos. Origen, fin, dirección, ángulo, forma y presencia global importan al decidir incluirlas y colocarlas.
Curvas, rectas, diagonales, serpenteantes, zig-zag. Un camino rural que lleva al granero carmesí. Vías de tren convergiendo = perspectiva y dimensión. Un río serpenteante entre flores = composición en sí mismo. Curva de herradura = cuello de cisne en forma de C.
Próxima vez que un gran sujeto llame tu atención, no llenes el encuadre solo con él. Busca una línea conductora que lleve al espectador hasta él. Imágenes más dinámicas, narrativas y profundas.