A menudo se asume que las cámaras son producto exclusivo de ingenieros, pero en un mercado donde la apariencia influye tanto como la funcionalidad, los fabricantes invierten fuertemente en diseño industrial. Nikon, por ejemplo, muestra una evolución clara: la D7100 adopta las claves de estilo de la D4 (formas redondeadas frente a los bordes biselados de la generación D3), y la D500 busca parecer una "mini D5" con bordes festoneados en el prisma y una empuñadura más pronunciada.
Muchas marcas apelan a modelos clásicos. Nikon lo hizo con la Df (inspirada en la FE), Fujifilm con sus cámaras de estilo télémetro y Olympus con la serie OM-D (referencia a sus SLR OM) y la Pen-F (reviviendo su primera réflex de 1963). La Pen-F original usaba un visor Porro-prisma sin la joroba típica; la nueva Pen-F, con visor electrónico, también carece de joroba, contrastando con la OM-D que la recrea deliberadamente.
El diseño industrial no es solo estética: transmite posicionamiento (profesional vs entusiasta), herencia y ergonomía. Los fabricantes lo usan para diferenciar gamas y conectar emocionalmente con el usuario.