El flash electrónico es una fuente de luz artificial intensa y de duración extremadamente breve, diseñada para congelar el movimiento y aportar iluminación controlada en fotografía. Su evolución ha pasado de las bombillas de flash desechables a los tubos de xenón y, más recientemente, a los LED de alta potencia.
Un tubo de vidrio lleno de gas xenón emite un destello de luz al recibir un alto voltaje. La duración del flash puede ser de milésimas de segundo (1/1000 s o menos), lo que lo hace ideal para congelar acción rápida. Su espectro de luz es continuo y se asemeja a la luz diurna, ofreciendo una reproducción del color excelente.
Los LED son fuentes de luz constante que se encienden y apagan rápidamente para emular un flash. Sin embargo, su intensidad máxima es menor que la del xenón, por lo que la duración del «flash» debe ser más larga, reduciendo su capacidad para congelar movimiento. Por eso, muchos smartphones de gama alta incluyen ambos: xenón para fotos y LED para vídeo y enfoque.
La corta duración del flash de xenón crea un límite: la velocidad de sincronización máxima del obturador (normalmente 1/200-1/250 s). Para superarlo, el modo FP hace que el flash emita una serie de pulsos rápidos durante todo el recorrido de la cortina, convirtiéndose en una fuente de luz pseudo-continua. Esto permite usar cualquier velocidad de obturación, aunque a costa de reducir la potencia efectiva del flash.
El flash de xenón sigue siendo el rey para fotografía de acción y estudio; el LED gana en versatilidad para vídeo y dispositivos móviles. La sincronización FP amplía las posibilidades creativas en condiciones de luz intensa.