A pocos metros de profundidad, la temperatura del terreno se mantiene estable todo el año (10‑18 °C según latitud). Una bomba de calor geotérmica intercambia calor con este reservorio: en invierno extrae calor del suelo para calentar la casa; en verano cede el calor interior al terreno, enfriando la vivienda.
Circula un fluido (agua con glicol) por tuberías de polietileno de alta densidad (PEAD) enterradas en zanjas horizontales (1,5‑2 m de profundidad) o pozos verticales (50‑150 m). El circuito es hermético, sin consumo de agua.
Extrae agua de un pozo, pasa por el intercambiador y la devuelve al mismo acuífero o a otro. Requiere caudal constante y permisos de aguas; riesgo si baja el nivel freático.
Los tubos llegan a una bomba de calor geotérmica (compacta, similar a un frigorífico grande) que transfiere la energía al circuito de suelo radiante, fancoils o conductos. La instalación hidráulica y eléctrica debe realizarla un instalador cualificado (RITE en España, NATE en EE. UU.).