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Cuándo y cómo cambiar o limpiar el filtro de tu aire acondicionado

El filtro es la barrera que atrapa polvo, polen y partículas antes de que entren en el circuito frigorífico y en tus pulmones. Un filtro sucio estrangula el flujo, obliga al compresor a trabajar más, dispara el consumo y devuelve al aire los alérgenos que debería retener. La regla de oro: revisa cada 2 meses (mensual si hay mascotas, alérgicos o uso intensivo).

Paso 1: Inspección visual

Apaga el equipo. Abre la tapa del filtro —en la unidad interior o en la rejilla de retorno—. Extrae el filtro y míralo a contraluz. Si ves una capa gris uniforme que oculta la trama del material, toca actuar.

Paso 2: Filtro desechable → sustitución

Observa la flecha de sentido de flujo impresa en el marco. Desecha el viejo en contenedor de residuos no reciclables (o según normativa local). Inserta el nuevo con la flecha apuntando hacia el ventilador/evaporador. Cierra la tapa.

Paso 3: Filtro permanente / lavable → limpieza

Sigue las instrucciones del fabricante. Lo habitual: aspirar polvo suelto, lavar con agua tibia y jabón suave, aclarar bien, secar al aire completamente antes de recolocar. Nunca uses disolventes, lejía ni lavavajillas a alta temperatura: degradan el medio filtrante.

Tipos y frecuencias orientativas

  • Fibra de vidrio (desechable): 30 días.
  • Plisado 1" (desechable): 60-90 días (ideal 45).
  • Medios 4-5" (desechable): 6-12 meses.
  • Electrostático lavable: lavado mensual.
  • HEPA (si el equipo lo admite): 12-18 meses.

Un filtro limpio cuesta céntimos y ahorra euros en factura y en salud. Pon una alarma en el móvil y conviértelo en hábito.