Es habitual que el aire acondicionado emita mal olor la primera vez que se enciende tras meses de inactividad. El olor varía desde una leve humedad hasta un fuerte hedor a putrefacción, causado por moho y bacterias que proliferan en zonas húmedas y sucias. La buena noticia: con un mantenimiento adecuado antes de guardar el equipo y al volver a ponerlo en marcha, puedes evitarlo por completo.
Durante el paro prolongado, polvo y humedad se acumulan en las aletas del evaporador, creando el caldo de cultivo perfecto para moho. Al arrancar, el aire arrastra esas esporas al interior. Solución: Limpia aletas y batería con agua y detergente suave antes de guardar el equipo en invierno y de nuevo antes del primer uso en verano.
Si el agua queda estancada en la bandeja tras el último uso, el moho crece silenciosamente. Solución: Vacía y seca la bandeja al final de la temporada. Antes de cada arranque, lávala con agua y lejía (1:10), enjuaga bien y recolócala.
El filtro atrapa polvo y materia orgánica que, con la humedad residual, genera olores. Solución: Limpia o sustituye el filtro tras el último uso de la temporada y verifícalo antes de encender.
Un mantenimiento preventivo de 15 minutos te ahorra molestias, protege tu salud y alarga la vida del aparato.