Aunque las secadoras eléctricas no emiten monóxido de carbono, todas requieren ventilación al exterior según la mayoría de códigos de construcción. El aire húmedo y la pelusa que expulsan pueden dañar seriamente la vivienda si se acumulan en el interior.
La secadora extrae gran cantidad de vapor de la ropa. Sin salida al exterior, esa humedad eleva la condensación en ventanas, favorece moho y hongos, y en casos extremos pudre estructuras de madera.
El filtro no retiene toda la pelusa; el resto sale por la ventilación. En espacios cerrados se deposita tras la secadora o en conductos internos. La pelusa es altamente inflamable: un exceso acelera la propagación del fuego.
Una ventilación bien dimensionada y limpia protege tu hogar, mejora el secado y alarga la vida del aparato.