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Aprender a leer la luz: la variable número uno

La luz lo es todo

Si quieres mejorar tu fotografía, es imprescindible interpretar cantidad, ángulo, dirección, intensidad, color y contraste de la luz. Cambios sutiles marcan la diferencia entre una imagen magnífica y una mediocre. «Fotografía» significa literalmente «escribir con luz». La luz da forma al sujeto, lo separa del fondo, aporta calor o frío, crea altas luces o bloquea sombras. Composition, sujeto y fondo importan, pero si pudiera controlar totalmente una sola variable, elegiría «luz».

Luz difusa: suave y envolvente

Si la luz se difusa, se dispersa por todas partes. Resultado: sombras suaves, luz que envuelve al sujeto. Fotografiar personas al aire libre con luz difusa permite colocar al sujeto en cualquier sitio sin luchar contra el sol directo. El sol directo crea resultados duros y contrastados. La luz difusa va bien para flores, personas, vehículos, sujetos con acabado brillante, fauna, etc.

Hay grados de difusión. Una capa fina de nubes difuminando el sol es ideal: queda algo de brillo y vida en el color. A medida que las nubes espesan, la luz disminuye; si necesitas velocidad de obturación rápida, tendrás que subir ISO. Nubes muy gruesas vuelven el color gris y plano; las imágenes resultan débiles.

Ángulo de la luz: textura y volumen

Muchos fotógrafos de naturaleza disparan al amanecer y atardecer. La luz lateral crea sombras y luces sobre cualquier sujeto con textura. Si el sol bajo está a tu espalda, aunque el sujeto tenga textura, no se revelará: la luz frontal es plana. Muévete para que el sol quede a 90° a izquierda o derecha: ahora el sujeto está iluminado lateralmente y muestra sombras y luces. Cuanto más te alejas de esos 90° hacia la luz frontal, menos textura. Esos matices hacen o deshacen una imagen; decide si el sujeto necesita luz frontal o lateral, o busca otro sujeto si el ángulo no ayuda.

Color de la luz: calidez y atmósfera

Al amanecer y atardecer no solo se revela textura; el color es mucho más cálido. Observa cómo cambia el color a lo largo del día. Las transiciones son dramáticas por la mañana y la tarde. Cuando el sol asoma, la luz es muy cálida; en una hora verás la transición de amarillo dorado a azul. Dos horas después de la salida hasta dos horas antes de la puesta, las diferencias son menos perceptibles. Al atardecer el ciclo se invierte: de azul a amarillo dorado o rojizo. Ocurren rápido y son muy distinguibles.

La clave: leer y actuar

Cuanto más estudies en el campo el ángulo y la calidad de la luz, antes entenderás cómo afecta al sujeto. No basta aprender a leerla; hay que saber qué hacer cuando es buena o cómo modificarla si no lo es. Mejor reconocer los matices, mejores fotos. Sabrás cuándo aprovechar la oportunidad si la luz es fantástica o simplemente seguir adelante si es pobre.