Las aves rapaces me fascinan desde niño. En el campo, mi padre las señalaba, las identificaba, y yo no podía creer lo hermosas y peligrosas que eran. Esa fascinación perdura; aún me emociono viéndolas en su hábitat. Como toda fauna salvaje, son difíciles de fotografiar. Aquí tenéis claves para que vuestra sesión sea un éxito.
Para maximizar oportunidades, id a un centro de conservación o zoo, no a lo desconocido. Más seguro, veréis variedad de especies y recibiréis información y educación, en vez de esperar en un hide pasando frío y aburrimiento.
Tengo la suerte de tener un centro cerca y hace semanas visité en un frío día de diciembre: éramos de los pocos visitantes y nos invitaron a un encuentro cercano con sus aves más sociables.
«Aves rapaces» abarca gran variedad: búhos, halcones, águilas, buitres, caracaras… Aspecto y comportamiento varían mucho. Si buscáis «águila» genérica, probablemente no encontréis lo que imagináis como águila típica.
Buscad en Google términos como «águila calva», «águila pescadora», «búho real» para saber qué esperar. Además, algunas especies son más activas según época (cría, temperatura); si buscáis algo concreto, llamad antes o investigad.
Lo más gratificante de mi visita fue poder acercarme y sostener las aves. No hay que temer: las aves en cautiverio están entrenadas y, con la ayuda de su cuidador y un guante de cuero grueso, es totalmente seguro.
En un momento tuve dos búhos en un brazo y la cámara en la otra intentando un retrato: un privilegio absoluto que me permitió capturar momentos únicos.
Hay varias aproximaciones. Mi preferida: gran angular y acercarme mucho, pero entiendo que no sea para todos; un tele desde distancia también funciona. Como con mascotas, la comida puede servir de cebo para mantener una pose, pero no tardéis: la ventana de oportunidad es breve.
Como en todo retrato, la conexión con los ojos es clave. Las rapaces tienen ojos grandes y vítreos que cautivan; aprovechadlo al máximo.
El tiempo es esencial; las aves no esperan. Estad listos para el instante en que todo encaje.
Usad prioridad a la obturación: 1/125 s mínimo; más lento = trepidación. Según vuestro objetivo, puede que necesitéis diafragma amplio para luz suficiente, pero como el movimiento es impredecible, no abráis más de f/4-f/5.6 o arriesgáis a que no toda el ave quede enfocada.
La opción (interior/exterior) depende de las instalaciones. Tuve ambas y cada una tiene pros y contras.
Interior: situación controlada, aves volando en espacio limitado (nunca se alejan mucho), fácil tentarlas de vuelta al guante. Problema principal: falta de luz, velocidades rápidas se vuelven problemáticas y el movimiento rápido se arrastra.
Ventaja principal: fotografiar aves grandes que no caben volando en interior. Más acción, movimiento, oportunidad de capturar vuelo y alimentación. Luz suficiente para congelar acción fácilmente.
Inconveniente: las aves tienden a volar y posarse en árboles; cuando vienen, se van en un instante. Necesitaréis tele largo: 200 mm mínimo, 300 mm ideal, para buenas imágenes aunque no estén cerca.
Si sois aficionados/entusiastas, no os recomiendo necesariamente lanzaros al monte. Es cosa seria; no quiero que nadie se aventure por mi recomendación salvo que sepa lo que hace.
Esencial: mantener distancia. No hay opción de acercarse; tele largo desde hide camuflado es la mejor opción. Investigad antes: qué especies esperáis, su comportamiento, para maximizar oportunidades.
Si compartís mi fascinación, espero que estos consejos os animen a salir y probar. La vida salvaje es exigente; requiere paciencia y perseverancia. Pero una vez ganáis confianza en vosotros mismos y en la configuración de la cámara, estaréis equipados para conseguir grandes imágenes.