El sobrecalentamiento del compresor es una de las averías más graves y costosas en aires centrales. Dispara el interruptor, quema bobinados y deja la casa sin climatización. Tres pasos sencillos de mantenimiento reducen drásticamente el riesgo.
Localiza el filtro —habitualmente en el manejador de aire, a menudo en sótano o falso techo—. Retíralo, aspira el polvo grueso y lávalo con agua y jabón neutro si es lavable; si es desechable o está muy degradado, sustitúyelo. Un filtro tapado estrangula el flujo, sube la presión de aspiración y recalienta el compresor.
La unidad exterior acumula hojas, pelusas, algodón de álamo, insectos… Apaga en el magnetotérmico, retira la rejilla protectora y limpia con aire comprimido o cepillo suave las aletas del condensador y el ventilador. No dobles las aletas; si están aplastadas, usa un peine de aletas. La suciedad actúa como aislamiento térmico: el condensador no disipa calor, la presión de descarga sube y el compresor trabaja en condiciones extremas.
Con el equipo sin tensión, inspecciona bornes, contactores, condensadores y cableado en busca de oscurecimiento, olor a quemado o hilos sueltos. Un polímetro en modo continuidad o un medidor de capacitancia en los condensadores (arranque y marcha) revela componentes agotados. Cambia lo dudoso por repuestos de iguales especificaciones; un condensador fuera de tolerancia hace que el compresor arranque mal y se sobrecaliente.
Rutina recomendada: Filtro cada 1-2 meses, limpieza exterior cada 6 meses (antes de verano e invierno), revisión eléctrica anual por técnico certificado. Tu compresor te lo agradecerá con años de servicio silencioso.